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Solange Witteveen, saltadora en alto

 

Una deportista de altura que

la pelea centímetro a centímetro

 

Tiene 29 años y desde 1997 posee el récord sudamericano. Estuvo dos años suspendida y rechazó una oferta de la federación belga.

 

Por Gastón M. Luppi

Desde Buenos Aires

Publicado: 25/12/05

 

Hay deportistas que tienen su pico de rating cada cuatro años. Las transmisiones televisivas de los Juegos Olímpicos -y en menor medida de los Juegos Panamericanos- hacen entrar en escena a quienes durante un ‘cuatrienio’ trabajaron casi desde el anonimato para alcanzar un tiempo, una distancia, un puntaje, un score, una altura. Y si bien antes y después no se sabe prácticamente nada de ellos, en ese pico de rating se forma un sentimiento de pertenencia, el cual, obviamente, produce ilusiones -resultados positivos-, exigencias -mejores resultados- y reproches -los resultados reales-.

El último pico de rating de Solange Witteveen fue durante las clasificaciones de Salto en Alto de los Juegos Olímpicos de Atenas, en la tarde del 26 de agosto de 2004. El 1,89 metros de altura de la varilla, y el décimo puesto del Grupo A, dejaron a la argentina y a Argentina fuera de la final que se disputó el 28 -el sábado en que los equipos de Marcelo Bielsa y Rubén Magnano se alzaron con las medallas de oro-, ganada por la rusa Yelena Slesarenko, quien estableció un nuevo récord olímpico: 2,06 metros.

Pero Solange, por entonces con 28 años, tenía una historia antes de Atenas, la tuvo durante y la sigue teniendo, aunque ahora la meta es 2008. La saltadora posee el récord sudamericano de la disciplina, con 1,96 metros, y el récord sudamericano en pruebas bajo techo, con 1,94. Sin embargo, esos resultados no reflejan en nada cuán difícil se vuelven las cosas al "elegir seguir ‘siendo’ argentina" -rechazó una oferta de la federación belga-, el representar a un país sin políticas de Estado claras en lo que al deporte respecta, ni mucho menos cuando de por medio, y en el mejor momento de su carrera, un doping positivo la marginó durante dos años de la actividad.

"La primera vez que salté en alto fue a los 10 años, en un torneo de fin de curso del colegio. Me acuerdo que salté 1,10 metros y gané, la prueba me dejó fascinada. A partir de ahí empecé a quedarme los miércoles en el colegio para saltar", cuenta Solange, en uno de los pocos lugares ‘outdoor’ con sombra que se encuentran en un mediodía de diciembre del Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Cenard) de Buenos Aires. "Después de varios años, llegó un momento en que me aburrí de los intercolegiales -‘andaba muy bien y ganaba por 20 centímetros’-, éramos siempre las mismas. Se lo planteé a mi profe y ella al otro día me hizo ingresar al Metropolitano como invitada, porque no estaba federada: gané cómoda, a raíz de eso clasifiqué para el Argentino y me tuve que federar".

De esa manera, y con la "impronta deportiva del colegio", Witteveen se federó a los 16 años, cuando ya no tenía opción, "si no lo hacía me quedaba muy atrás". "A la semana de ser federada, y cuando todavía no había entrenado, me fui a un Sudamericano y quedé segunda. Por eso, a partir de ahí empecé a ir a los sudamericanos de cada categoría y recién a los 18 (en 1994) fue cuando me dije: ‘Me está yendo bastante bien, es hora de que me dedique a entrenar’".

El gran salto

"El ‘97 fue el ‘boom’", sintetiza la deportista al repasar su carrera. "Llegué ganando sudamericanos y por eso a principios de años decidí irme de gira a Alemania. Agarré mis ahorros y mis padres me dijeron ‘nosotros te pagamos los pasajes, vos arreglátelas para vivir allá’". La partida, en teoría, fue por un mes y medio: "Logré la marca para ingresar al Mundial bajo techo (indoor) y además, a raíz de ganar el Sudamericano, también entré al Mundial al aire libre (Atenas 1992). En Grecia salté 1,92 metros, igualé el récord sudamericano, hice mi mejor marca y mejoré el récord argentino".

Los resultados, que llegaron mucho más rápido de lo previsto, trajeron consigo el inicio, ahora en serio, de la carrera deportiva de Witteveen. Pasado el mes y medio, "cuando tenía todo listo para volver a Argentina, me agarra un manager italiano y me ofrece quedarme un mes y medio más en Europa. No lo dudé y de un día para el otro decidí ‘no vuelvo’. Tenía pasaje para el día siguiente y programado un viaje a Bariloche con unas amigas y a la costa con otro grupo. Suspendí todo y me quedé un mes y medio más compitiendo. Y mi familia... La nena, 21 años, vuelve mañana y al final no vuelve".

Con 300 dólares en el bolsillo, y ‘parando’ en la casa de amigos, conocidos y familiares del manager, Solange mejoró el récord sudamericano dos veces, quedó undécima en el ranking mundial y logró marcas "increíbles" en los mejores torneos del mundo. "En mi primer mundial al aire libre igualé el récord sudamericano, 1,92. Y en la misma temporada, cuando salté 1,95 metros... ‘Fírmenmelo en algún lado, no me lo van a creer’. No sabía si lo volvería a saltar alguna vez".

El 8 de septiembre de 1997 fue el día en que Solange, en Oristano, Italia, logró saltar 1,96 metros, la mejor marca conseguida por una atleta sudamericana. "Los récords salen una vez cada tanto y después hay que aprender que tal vez pasen cuatro años para volver a repetir la marca. Muchas veces el problema se da cuando no entienden quienes están alrededor. En 1997 salté 1,96 y al año siguiente, en la temporada bajo techo, hice récord, 1,93. ‘Ah, saltaste 1,93’, me decían. En Argentina, 1,93, no lo saltó nadie, y en Sudamérica, hasta este año, nadie lo había conseguido".

En el mejor momento

El que pintaba como ‘El año’, fue el peor. Solange llegó a 2001 de la mejor manera y logró una nueva plusmarca en el Sudamericano de Manaos, Brasil, pero la existencia de premolina en un control antidopaje no sólo le quitaron el 1,97 metros que había registrado, sino que además le fue impuesta una suspensión de dos años.

"Salto 1,97 y estuve a punto de saltar 1,99; estaba muy bien físicamente y mejor en lo anímico, porque me había ido a vivir un año y medio a Valencia -‘me costó y no disfruté de mi estadía’- y por esos días había decidido regresar a Argentina". Como la mayoría de los deportes, el salto en alto tiene dos aspectos clave: "Es una prueba muy anímica, cuando uno está bien las cosas salen solas, y a la vez muy técnica, si hacés bien la técnica y te sale, volás".

Pero hay otro aspecto de la disciplina, impensado en muchos deportes, incluso en los colectivos, que hacen del salto en alto una prueba de competencia sana. "Hay mucho compañerismo, entre todas. Además, muchas veces nos tenemos que alojar juntas y los organizadores te preguntan con quién querés ir. Es un grupo muy lindo, nos conocemos desde hace muchísimos años". "Prevalece lo humano en todo momento, estamos en un torneo y nos alentamos entre nosotras, se disfruta. Además, nos ayudamos: ‘Che, te fijás dónde estoy picando’, y te dan una mano".

Después de la suspensión

Solange quedó habilitada para volver a la actividad el 5 de julio de 2003, pocos días antes de los Juegos Panamericanos de Santo Domingo, en los que debía defender la medalla de oro obtenida en Winnipeg -Canadá- 1999. Y como tras una suspensión de dos años "cuesta volver a competir", la argentina no quiso perder tiempo. Paradojas del destino, tanto esperar y... "Cuando me habilitaron busqué el primer torneo que había, en Pamplona, España. Me fui en tren, descarriló y llegué una hora antes de la prueba, casi me lo pierdo. Ahí salté 1,85 metros, muerta de miedo, y al día siguiente hubo un torneo en la ciudad de Vic (Cataluña), donde salté más tranquila, 1,92, y clasifiqué para los Juegos", recuerda la "anécdota".

Pero en República Dominicana se sintió la inactividad. "Es como cuando te sacan un yeso, querés pisar y ganar la carrera. Llegué a Santo Domingo y era un paquete de nervios: hacía dos años que no competía, apenas había estado en tres ‘torneítos’, tenía a toda la tribuna en contra porque era la principal rival de la dominicana, con un montón de dudas. Me fue muy mal, estaba físicamente para hacerlo muy bien, pero no estaba lista, estuve con apenas quince días de habilitación previa". Entonces fue imposible repetir la performance de 1999, cuando junto con Alejandra García -en salto con garrocha- le dieron a Argentina dos medallas de oro en atletismo después de 36 años sin éxitos.

La revancha la podrían dar los Juegos Olímpicos de Atenas, en 2004, segunda cita olímpica para la saltadora. "En los deportistas olímpicos nuestra vida se estructura en cuatrienios. Uno se prepara durante cuatro años para este evento tan importante. En mi caso, primero fue Sydney (2000) y después Atenas. Y cuando terminan los Juegos te tomás un receso de no menos de un mes, aunque yo por saturación me tomé dos meses. En ese momento uno se fija dónde está parado, qué consiguió en cuatro años, lo bueno, las falencias y a qué se debieron tanto los éxitos como las fallas".

Pero la cita griega, no sólo por los resultados, sino por cuestiones ajenas, no se dio de la manera que se esperaba. Allí apareció el ‘seguir siendo argentino’. En una prueba tan técnica, la presencia de un entrenador, incluso el día de la competencia, es de vital importancia. Sin embargo, aquel 26 de agosto del año pasado, "el jefe de entrenadores que me estuvo asistiendo los quince días anteriores, el encargado de estar conmigo ese día, no sé por qué se fue", explica Solange, aunque aclara que "no hubo pelea entre nosotros ni nada. Es más, mantenemos una muy buena relación". El problema estuvo por encima de ellos.

Cuestión de Estado

Cuando rechazó la propuesta de la federación belga, Witteveen siempre fue consciente de que "seguir ‘siendo’ argentina te complica", pero igual aceptó el desafío. "El saltar está en uno, al margen del entorno. No obstante, nosotros en Argentina tenemos un camino con muchas dificultades. En primer lugar, no hay suficiente cantidad de entrenadores capacitados en cada disciplina ni con tiempo para dedicarse; yo me lo tuve que ir a buscar a 12 mil kilómetros: viviendo acá tengo a mi entrenador afuera, no funciona. En segundo término, si me quiero ir a vivir a otro lado tengo que tener los recursos para irme, para contratar al mejor entrenador o para estar allá una temporada larga. Si quiero quedarme acá en el invierno, no tengo la infraestructura ni el entrenador", explica.

Falta planificación, continuidad; falta una política respecto del deporte. "Para que a futuro surjan nuevos deportistas tengo que tener una estructura que me permita trabajar con ellos y entrenarlos durante determinada cantidad de años, por más que no tengan el dinero para costearlo. Tengo que tener un sistema para que los chicos puedan educarse y, además, puedan seguir entrenando. Hay que tener una política de Estado que te permita tener una continuidad y no un esfuerzo particular de cada secretario de Deportes". Y los ejemplos contrarios son claros: "Cuando se elige Presidente rara vez se habla de una política deportiva, no está contemplada. Yo voto a un presidente por lo que creo que va a hacer de bien a mi país, no por lo deportivo porque queda totalmente al margen". Y en cuanto a su experiencia en particular: "Yo entreno en el Cenard desde el ‘92 y ya van trece años en los que siempre veo que pasa lo mismo: los secretarios de Deportes vienen cuatro años, tardan uno en instalarse y estudiar cómo son las cosas, recién ahí empiezan a armar algo y después tienen que estar un año haciendo campaña. No hay una política de Estado que se continúe año tras año, al margen del que suba. Y entre los que suben, hay veces que llega gente muy copada, con ganas de trabajar, pero tampoco les dan el espacio para hacerlo, no les dan la posibilidad, los frenan, los congelan".

Las condiciones de trabajo de los deportistas, las más de las veces, contrastan con otras condiciones que se dan a publicidad. Por ejemplo, las últimas noticias del Cenard, viejas ya, dieron cuenta de la inauguración de obras, tal es el caso de la pista. "La pista, que se inauguró en 1992, a partir del ‘97 se empezó a caer a pedazos, y los últimos cuatro años ya no se podía usar. Era un centro de alto rendimiento en el que todos los deportistas terminaban en kinesiología, estábamos todos lastimados porque la pista estaba hecha bolsa. Y hoy, gracias a varias gestiones, tenemos una pista nueva que se tendría que haber hecho cinco años atrás, pero todavía no tenemos colchonetas nuevas. Las colchonetas que estamos usando tienen colchones arriba del viejo alojamiento del Cenard; caigo ahí y termino golpeando contra el piso, o me lastimo, o la varilla se cae porque hay una sola que está buena", grafica la deportista.

El mensaje no debe ser entendido como un interés particular de quienes quieren desarrollar una actividad y se encuentran con un sinfín de obstáculos; todo lo contrario. "Invirtiendo en deportes estás previniendo un montón en salud. Por ejemplo, el alto rendimiento es un espejo para que los chicos que quieren hacer deporte tengan un lugar adonde ir, una guía. Y para aquellos que quieren hacerlo de forma recreativa, los estás distrayendo de las drogas, delincuencia; tanto el deporte social como el de alto rendimiento le aportan muchísimo a la sociedad. Está más que comprobado que una sociedad que practica deportes es una sociedad más sana, que el hacer deportes libera de depresiones y enfermedades, muchas de ellas psicosomáticas o inventadas. No es un gasto, es una inversión. Y es hora de invertir, ¿no?".

 
"Me siento muy argentina"

A Daniel Bilos, el pergaminense que ahora defiende los colores de Boca, le ofrecieron alistarse en la selección de Croacia. La ascendencia familiar está, pero el ex Banfield reconoció no saber absolutamente nada de aquel país europeo. Rechazado el ofrecimiento, no obstante, Bilos sigue jugando en Boca, lo podrá hacer en la selección de José Néstor Pekerman y, en algún momento, emigrará al ‘Viejo Continente’. El decirle no a Croacia, una decisión que debió meditar y mucho, apenas significó no tener asegurado un lugar en Alemania 2006, pero en nada hizo peligrar su futuro futbolístico.

La historia de Solange Witteveen con Bélgica es parecida, aunque, por un lado, su negativa -o mejor dicho el seguir representando a Argentina- tornaron muchísimo más dificultosa su carrera deportiva; por otro, existe un vínculo real con el país del centro de Europa.

"En la gira del ‘97 aparece Bélgica. Hubo un torneo de Golden League en Zúrich, de los más importantes, una ventana; si te va bien ahí te llevan a todas partes. Estábamos en una mesa y mi manager hablaba en francés con el presidente de la federación belga. En ese momento me hacen una consulta, respondo y, sorprendido, el belga me pregunta por qué hablo francés: ‘Porque mi papá es belga’, le contesté. ‘Ah, podrías competir para Bélgica’. Ahí surge, un poco de improvisto, una oferta para representar a Bélgica", cuenta Solange.

Visto desde afuera, la atleta argentina tenía argumentos sólidos para aceptar el ofrecimiento: en lo material, "de repente me dicen que cobraría más de seis veces de lo que cobraba en Argentina, más lo que conseguiría por el club y esto y lo otro, y ni siquiera me obligaban a vivir en Bélgica"; y en lo familiar, "tengo gran parte de mi familia en Bélgica, mis primos que adoro están allá; toda mi parte paterna es belga, hay una gran relación".

Sin embargo, "cuando empezás a competir para Argentina, lo sentís mucho. Tengo una formación muy europea por el colegio -‘catorce años en el colegio y después dos años más trabajando ahí’-, pero yo me siento muy argentina", explicó la atleta que privilegió el celeste y blanco de su país por sobre el negro, amarillo y rojo de su familia paterna.

 

El momento más duro,

dos años y medio después

Solange Witteveen había logrado en el Sudamericano de Manaos 2001, en Brasil, quebrar su propio récord luego de saltar 1,97 metros. Sin embargo, con su mejor marca y en el mejor momento de su carrera, la porteña sufrió el más duro revés: "La sustancia encontrada en la muestra de orina tomada el 19 de mayo es una ‘poderosa anfetamina de la Clase A’", publicó, entre varios otros medios, Página/12. El ‘prohibido’ era premolina, y la suspensión impuesta fue de dos años.

"Por esos días estaba en Marbella, un lugar increíble, pasándola bárbaro, rindiendo súper bien; se estaba concretando todo lo deportivo. Lloraba de felicidad en los entrenamientos porque no podía creer lo bien que estaba saltando". Y un llamado telefónico, ya ni recuerda de quién, cambió todo: "Lo primero que dije fue ‘hay un error, yo no hice nada, estoy tranquila’. Y después llamé al médico, lo consulté por el suplemento que estábamos tomando: ‘¿Vos me diste algo que estaba prohibido?, ¿no, cómo te voy a dar eso...?’. Y todo terminó en una suspensión de dos años".

A dos años y medio de su regreso a la actividad -el 5 de julio de 2003-, la lectura de ese "error" cambió, y ahora lo que pasó ya está más claro: "Los laboratorios europeos funcionan muy bien y no tengo duda de que hayan encontrado la sustancia. El tema es que a mí me dieron esa sustancia sin que yo lo supiera, engañándome. Estuve mucho tiempo creyendo que era contaminación y al cabo de dos años me di cuenta de que contaminación con esa sustancia prácticamente no existe; ahí empecé a entender por dónde vino la mano. Hoy por hoy tengo la certeza de lo que pasó, sigo con ganas de moler a trompadas a alguna gente, pero es muy difícil decirles a los medios cuál es mi lectura porque tengo que denunciar a alguien y no tengo las pruebas. Lo que sí sé es que no lo tomé a adrede, no estoy de acuerdo con el tema, nunca lo quise hacer y de hecho nunca lo hice".

Con Guillermo Cañas a la espera de una resolución -al igual que Witteveen fue suspendido por dos años y aguarda el resultado de su apelación- y los ocho años de pena que recibió Mariano Puerta, las sanciones por doping positivo ensombrecen el excelente momento del tenis argentino. En otra disciplina, Solange tuvo la triste experiencia de recorrer esos caminos mucho antes que los integrantes de ‘La Legión’: "Cuando llegué a la audiencia ya habían pasado un año y ocho meses (de inhabilitación) por la lentitud de los trámites burocráticos; el sistema está hecho para que tarde mucho tiempo, para que uno no haga nada. Lo que se busca permanentemente es castigar al deportista, dar el ejemplo, no es justo".

"Fueron dos años duros, me gasté fortuna en abogados y viajes y durante ese tiempo fue muy difícil conseguir trabajo; fue poca la gente que se animó a jugarse", explica Solange, quien a lo largo de todo ese proceso vivió momentos de enorme impotencia: "Al margen de que me hayan dado esa sustancia contra mi voluntad, sin que yo pudiera saberlo, engañándome, creo que el reglamento tiene grandes fallas y siento que la Federación Internacional me castigó por demás sin motivos. Cuando fui a la audiencia en Suiza, el juez neutral me dijo: ‘Flaca, tenés razón, pero tengo que seguir el reglamento. Yo te creo, sé que tenés razón y no te merecés una sanción de dos años, ni siquiera de uno. Yo te la conmutaría ahora, ya pagaste un año y ocho meses, pero con este reglamento, así como está, no puedo’. Que el juez te diga eso...".

Paradójicamente, la sustancia hallada no sólo no le permitió a la argentina sacar ventaja en las pruebas, sino que ya ni siquiera figura en el listado de ‘prohibidos’: "Se comprobó que no llegaba al umbral de estimulación del organismo, o sea, no tuvo efecto en mi cuerpo, no saqué ninguna ventaja. Es una sustancia que de haber tenido beneficio, el beneficio te lo da durante 48 horas. Y la sanción es de dos años, como si fuera un anabólico, cuyos efectos sí te pueden durar dos años. La premolina ya no está en la lista de ‘prohibidos’, dejó de estarlo antes de que a mí me liberaran".

Pero la suspensión ya es historia: "Yo estoy tranquila, sé que no le mentí a la gente con la que siempre competí, a la gente que siempre me apoyó ni a todos mis amigos". Y a modo de cierre, aclara: "Nadie salió beneficiado ni nadie, además de mí, se perjudicó. Creo que fue ignorancia, no mía; ignorancia, no de mala persona, sino de imbécil".

 

 

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Ultima actualización: 21.20 GMT - 31 de julio de 2007

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PERFIL

 

Nombre:

Solange M. Witteveen
 

Nació:

06/02/1976


Lugar:

Buenos Aires


Altura:

1,72 metros


Disciplina:

Salto en alto
 

Récord:

1,96 metros

(1,94 indoor)


Marca 2005:

1,88 metros
 

Ranking mundial: 34º

 

TODOS LOS RECORDS

 

Mundial

2,09 metros. Stefka Kostadinova (Bulgaria), 30 de agosto de 1987.

 

Bajo techo

2,07 metros. Heike Henkel (Alemania), 8 de febrero de 1992.

 

Olímpico

2,06 metros. Yelena Slesarenko (Rusia), 28 de agosto de 2004.

 

Por continente

 

Sudamérica, 1,96 metros. Solange Witteveen (Argentina), 8 de septiembre de 1997. La argentina también es plusmarquista subcontinental bajo techo, con 1,94, altura que alcanzó el 9 de febrero de 2000.

 

Asia, 1,97 metros. Ling Jin (China), 7 de mayo de 1989; Svetlana Zalevskaya (Kazajstán), 14 de junio de 1996 y 5 de julio de 2000; y Tatyana Efimenko (Kirguizistán), 11 de julio de 2003.

 

Oceanía, 1,98. Vanessa Browne Ward (Australia), 12 de febrero de 1989; Alison Inverarity (Australia), 17 de julio de 1994.

 

América del Norte y Central, 2,04. Silvia Costa (Cuba), 9 de septiembre de 1989.

 

Africa, 2,06 metros. Hestrie Cloete (Sudáfrica), 31 de agosto de 2003.

 

Europa, 2,09 metros. Stefka Kostadinova.

 

Mundial (masc.)

 

2,45 metros. Javier Sotomayor (Cuba), 27 de julio de 1993.

 

Fuente: IAAF

 


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