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Los primeros puestos del
medallero los definirán un puñado de preseas doradas, plateadas
o bronceadas. Argentina, Brasil, Colombia y Venezuela dieron
pelea podio a podio por finalizar los VIII Juegos Sudamericanos
Buenos Aires 2006 en lo más alto del palmarés. Tal vez, con una
pequeña cuota de vaya a saberse qué, la delegación anfitriona
podría ganar ese campeonato paralelo que, en definitiva, nunca
queda muy claro para qué sirve. ¿Qué necesidad hay de valorar
las medallas en términos de cantidad y no de calidad? ¿Por qué
fijarse más en la cosecha en serie de cada presea sin reparar en
el valor individual de cada una de ellas?
Andrea González podría estar
cansada ya de ganar medallas doradas en los denominados Juegos
Odesur y hasta en los Panamericanos o en los campeonatos
mundiales de patín carrera. Prueba de ello, la deportista
porteña que adoptó a Mar del Plata como su lugar en el mundo
ostenta el récord de oros en una misma edición de los
Sudamericanos: catorce. Sin embargo, ella fue la protagonista de
varias de las incontables emociones que entregó la multicita
deportiva que finaliza hoy. Ante su gente, en el patinódromo de
‘La Feliz’, tardó menos de medio minuto -muchísimo menos- para
ganar la primera final de la disciplina, los 300 metros
contrarreloj. Después, lágrimas, sonrisas, suspiros, abrazos,
besos, agradecimientos.
"Soy once veces campeona del
mundo, logré la hazaña en los Odesur del 98 al ganar catorce
medallas de oro... Todo el mundo sabe que entraron a robar a mi
casa y se llevaron todos mis premios. Por eso esta medalla
dorada tiene un valor más que significativo. Más allá de la
gente que lo hizo (por el robo), si lo hizo para dañarme o para
que yo no estuviera presente en la pista, se equivocó. Una vez
más estuve de pie y con el aliento y la fuerza de la gente pude
lograr esta medalla". Así, visiblemente emocionada, la
deportista de 29 años le contó a DIB sus primeras sensaciones.
Días antes de su debut en los
Juegos, Andrea fue la destinataria de la misma frase que tiempo
después se le atribuyó a la barrabrava de Gimnasia contra
Marcelo Goux. Claro que ella estaba sola, de noche en su casa,
acorralada y con varios huéspedes de poco honor que no le creían
que no tuviera dinero. Se llevaron todos los premios nacionales
e internacionales, entre ellos los Olimpia de Plata y el Olimpia
de Oro de 1998, distinción que la reconoció en aquella
oportunidad como la deportista número 1 del país. Ella fue a la
comisaría, lo denunció y no se calló el mal momento. Por eso, la
medalla de oro del martes "tiene un sabor totalmente distinto:
perdí muchas pero gané una con mucha alegría".
Y vaya que ganó a lo grande su
primer oro de estos Odesur: "Este tiempo sería un récord. Estaba
tirando 28 largo (más de 28 segundos) y por eso 27... Creo que
60 y pico, ¿no? (fue 27,644 -‘no recuerdo bien, estaba
nerviosa’-), fue un tiempo muy bueno. Por primera vez volví a
volar arriba de los patines". Y repite: "Volví a disfrutar las
pruebas, me sentí volar dentro de la pista. Todo eso se lo debo
a la gente que me gritaba y me permitía acelerar cada vez más".
Los medalleros son injustos,
omiten todo esto y mucho más. "Para mí éste fue un año más que
duro, cachetazo tras cachetazo. Por eso después de la carrera
-retoma la idea anterior- pude volver a sonreír. La alegría, las
sonrisas y las lágrimas fueron por el esfuerzo que tuve que
hacer y por la medalla de oro".
Problemas personales primero, la
estafa en un alquiler después. Choque de auto de por medio,
caída de sponsor también. Y por si fuera poco, el peor de los
momentos vivido a manos de unos guapos con arma que no
encontraron dinero porque no había, porque no hay. "Esta medalla
me da más fuerza para estar de pie y seguir adelante. La quiero
compartir con toda la gente que me apoyó y estuvo conmigo
haciendo fuerza para que pudiera dejar lo mejor de mí en la
pista".
Es mucha esa gente que ayuda y
ella trató de recordar a la mayor cantidad posible. Nombró a
quien le prestó "el celular con carga", a quien colabora con las
vitaminas, a la empresa que le provee ropa, a la familia amiga
que hace las veces de su familia y a quien le da una mano con la
comida. "Mi familia vive en Buenos Aires, acá el esfuerzo lo
tengo que hacer yo sola. Con apoyo económico podría continuar mi
carrera con mayor tranquilidad. Este año fueron muchas las
preocupaciones, me quedé sin sponsors, no tuve plata para poder
manejar mi vida. Fue duro, todo muy a los cachetazos, con poca
plata". Y el dinero manda: "El patín es un deporte amateur, sin
embargo es muy caro, costoso. Por competencia se usa un juego de
ruedas que están alrededor de los 350 ó 450 pesos, según quién
los venda", tira a modo de ejemplo.
Y si a esta altura de la nota uno
llegara a preguntarse si vale la pena, la respuesta es tan
sencilla como cierta: "Lo mejor que pueden hacer los chicos es
practicar deporte. Es sano, lindo y se logran satisfacciones
como ganar. Algunos llegan, otros no, ésa es la ley del deporte.
Todos nos entrenamos, todos hacemos el mismo esfuerzo y no todos
llegamos. Pero lo más lindo es poder hacerlo con ganas y
disfrutar. Los resultados se dan más allá de las competencias,
de cómo se salga. Lo más lindo es disfrutar cada una de las
pruebas, como lo hago yo".
Curiosamente, la charla se
interrumpió por "protocolo", según advirtió un miembro de la
organización. Era tiempo de podio, al que los deportistas deben
asistir con la ropa oficial de la competencia y los patines
puestos, y la única que faltaba era Andrea González. Producción
mediante, se izó la bandera, sonó la versión cortada del himno
nacional y una medalla más para el medallero -en la semana ganó
otras cuatro, incluida una de oro ayer, en los 10 mil metros
relevos ruta-.
Es sólo una historia. En estos
once días hubo millones.
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Gastón M. Luppi
La
Plata, República Argentina
Ultima
actualización: 21.20 GMT - 31 de julio de 2007
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